Erase una vez, hace mucho tiempo atrás, un pueblo de gente pacífica. La palabra Guerra o Exterminio, no existía, al menos no era parte del vocabulario que se usaba en ese pueblo.La ciudad estaba situada entre dos montañas enormes que cubrían sus flancos, una protección natural contrael mal que los rodeaba, para ellos, era la protección contra los vientos terribles que en invierno corríanespantando al ganado y arruinando la cosecha de trigo.La ciudad a pesar de su pacífica convivencia diaria, estaba rodeada de unos muros enormes, que habían sidoedificados para contrarrestar los ataques de las demás ciudades, pero con el paso del tiempo, fueron mermandolos ataques y las agresiones fueron cada vez mas escasas, los demás pueblos alrededor desaparecieron y soloquedo este pequeño pueblo pobre que se enriqueció a través de los años y por gracia de su Rey, que supo darsecuenta de como hacer para que su gente no pensara en otra cosa que no sea la paz en la que vivían.Reseros, agricultores, panaderos, maestros del vino, mercaderes, posaderos y su Gran Rey, no había en el pueblo,un regimiento, ni un soldado, quizás un par de guardías para anunciar visitas pero nada mas... nada mas.
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